viernes, 17 de junio de 2011

Estrellas. (capítulo 3)

Pasaron dos semanas hasta que me mandó un mensaje nuevo. En ese tiempo no paraba de mirar el móvil, anhelando un mensaje suyo, una llamada... Pensaba en él en todo momento, su sonrisa amplia.

"Quiero repetir ese beso en un sitio mucho más especial, solamente tú y yo. ¿Te apetece? Te estoy esperando en la calle Don Agustín, delante de la puerta número seis"

Al instante me puse nerviosa, abrí el armario en busca de algo para ponerme. Pasé algunos vestidos, elegí algunos, las camisetas, los vaqueros... al final me hice tanto lío y me puse más nerviosa todavía. Mis manos estaban sudadas. Finalmente escogí unos vaqueros claros junto con un jersey de lana blanca, amplia.

Me miré en el espejo de cuerpo entero del armario, sencilla pero atractiva. Me calcé unas botas marrones.

Me peiné con esmero mi pelo rubio que me llegaba un poco más abajo de los hombros y me lo recogí en una trenza de lado y me eché un poco de rímel en las pestañas, así resaltaban mis ojos azules.

Sonreí. Espléndida, maravillosamente imperfecta. Era una expresión que escogí.

En un bolso marrón metí mi móvil y algunas cosas más y me encaminé hacia la dirección dada por Lucas. El camino estaba repleta de nieve blanca por los extremos aunque por el centro estaba sucio debido a que pasaban los coches sin cesar.

Llegué, la calle era amplía, se podía ver muchos balcones en el que colgaban varias macetas con plantas mustias por el frío. Seguramente en primavera, la calle sería un mar de colores.

Delante de la puerta número seis, estaba él. Guapo, alto y despreocupado.

-Buenas tardes.-sonrió.
-Se te ha echado de menos.-respondí como saludo. Me miró por un instante y después bajo la mirada.
-Mi padre tuvo un accidente.
-Perdona, lo siento, no pretendía acusarte de nada.
-No, no, tienes razón debería de haberte avisado pero solo pensaba en mi padre, hasta que no me dijeron que estaba fuera de peligro no me calmé.
-Es comprensible.-sonreí para que no se recuperara. Lo abracé con timidez. Él se sorprendió un poco pero, él enterró su rostro en mi pelo y sus brazos fuertes me rodearon. Suspiré.

-Ven, esta es mi casa.-me dí cuenta que la puerta con el número seis encima estaba entreabierta. Me tomó la mano y me condujo a su interior. una salita fue lo primero que había, dos sillones de colores claros, una alfombra verdosa cubría el suelo, parecía esponjosa; una mesita se encontraba en el centro. Varias ventanas amplías iluminaban la habitación cubiertas de cortinas blancas. Era precioso.

-Es hermosa la habitación.
-Gracias, es más hermosa cuando estas tú.-nos quedamos en silencio, se acercó lentamente hasta fundir su boca con la mía. Estuvimos varios segundos así trasmitiendo por la boca lo que nos daba miedo decir, jugueteando con la lengua...

Cuando nos separamos mi pulso acelerado y mi sonrojadas mejillas hicieron sonreir a Lucas.

-¡Qué guapa que estas!-Me besó la coronilla.
-Qué gracioso.-le sonreí. Subimos por unas escaleras de madera en forma de espiral, algunas veces crujían al subir. En el piso superior se encontraba cuatro puertas. Dos de ellas eran dormitorios, un despacho y cuarto de baño. Todos ellos adornado sencilla y elegantemente.

El cuarto de Lucas era serio, de colores oscuros y paredes forradas de estanterías.

-¿Tanto lees?-exclamé mirandolo atónita.

Poco después subimos a la gran terraza que había encima del tercer y último piso en el que se encontraba el dormitorio de sus padres, cuarto de baño y una habitación misteriosa.

En la terraza hacía un poco de frío, pero la vista era fabulosa. Las montañas que rodeaban el pueblo estaban nevadas, iluminadas por el sol. Pasaba una brisa fría y acariciante, susurraba palabras incomprensibles. Algunos nubarrones se podían divisar desde allí.

En ella había un telescopio, y dos bancos de madera, limpios sin nieve encima al contrario que el suelo. Nos sentamos en ellas.

-¿Repetimos nuestro beso del otro día?
-Lucas...-tenía lágrimas en el rostro.-es precioso en serio.
-Shhh.-nos besamos. Tiernamente. Dulcemente.

Nos quedamos allí arriba hasta que las estrellas empezaron a aparecer en el ancho cielo. La luna empezaba a iluminar con su misteriosa aura de luz. Lucas se levantó dejando mis manos en mi regazo. Se acercó al telescopio.
-Ven.-me acerqué a él. Me cogió de la cintura.-mira las estrellas.
-Lucas...
-¿Sí?
-Te quiero.

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