miércoles, 29 de junio de 2011

Tu y Yo

Y un curso más se va. Te causa melancolía, nostalgia...
Los estudiantes salen en tropel de la entrada del instituto, un grupo de chicos, muchos no son de ese pueblo, se abrazan y prometen escribirse y llamarse. Entre ellos está una chica bastante guapa, de aspecto triste que se le acerca un chico, de aspecto chulo aunque también parece triste.
-¿Estarás en verano?-pregunta anhelante ella. Él suspira y acaricia el rostro de ella.
-No lo sé. Mis padres prefieren irse a la playa este año.-se quedan en silencio y al fin se abrazan, lo más extraño esque no se besan.
Un claxon de moto interrumpe la escena. Es el novio de la chica, que no mira con buenos ojos al chico que tantas veces le ha roto el corazón a su chica y que tantas veces ha intentado besarla e ir más allá.

-¡Voy!-grita la chica. Se vuelve una vez más al chico.-Bueno, nos vemos.-dijo sin muchas esperanzas.
-Aunque nunca lo quisiste reconocer tu me quieres. Ese de ahí, no lo quieres aunque lo intentes.
-No me digas eso... ahora.-y las lágrimas empiezan a salir, ella se va corriendo y monta en la moto. El novio la pone en marcha y se alejan entre el polvo de la pobre carretera del pueblo.
Un bip asalta en el bolso de ella. Es su móvil, sin despegarse mucho del cuerpachón de su novio, saca el móvil de su bolso y lee el mensaje. Es de él.
"Ya no nos veremos más. El año que viene no estaré en el pueblo. No te lo pude decir. Y te lo vuelvo a decir ese a quien dices queres, es mentira..."

Y estoy recuperandome de ti,
de tantos dias sin dormir,
hay tantas cosas que decir.oh oh,
y ahora voy a abalanzarme sobre ti
y a susurrarte que por fin
todo mi tiempo es para ti.


Ragdog "Tu y yo"

Dobles sentidos (♥)

Contemplo como cada muro de mi casa, donde antes me refugié y guardé un cachito de cada uno, donde hice varias copias de la llave de la puerta principal para que la visitaran, se derrumban...

domingo, 26 de junio de 2011

Silencio

Solamente quedarse en silencio, mirarse a los ojos y preguntarse: ¿Por qué? ¿El amor no fue suficiente?
Lo miras y no sabes que hacer, no sabes contestarle con sinceridad pero al final solo la verdad te salva y le dices: No, no puedo seguir. Y la ilusión se rompe se hace añicos como un cristal delicado que se cae, solo queda de él tristes recuerdos. Él te mira, con esos ojos que antaño fueron las estrellabas que te guiaba, y piensas que acabas de romper un sueño que no encajaste nunca en él, que le arrebataste el papel de princesa a otra.
Se da la vuelta, y, junto con los tristes recuerdos se va buscando consuelo que tarde o temprano encontrará.

miércoles, 22 de junio de 2011

Madre

Madre era una mujer rolliza, de buen carácter y rostro bonachón.
Nunca sacaba las cosas de quicio y adoraba jugar a las damas.
Ella era viuda con siete hijos a su cargo.
Nunca se quejaba de lo trabajoso que era sacar adelante tantos niños.

Cada mañana, a las cinco de la mañana muy puntual, se despertaba, se ponía el único vestido que tenía, uno muy usado llena de manchas de aceite con flores multicolores estampados en él; preparaba la gran mesa del comedor con un gran bizcocho y siete tazones de leche caliente. Despertaba a los más pequeños primero y a los grandes después, puesto que estos eran los más responsables y no pretendían dormirse. Cada uno con su habitual quejido pasando de largo la hora en la que se despertaba su buena madre.

Después de esto, los críos se vestían entre las viejas literas de hierro, los más mayores: Alberto y Julio; ayudaban a abotonarse la camisa a los más pequeños: Javier y Álvaro.
Más tarde se sentaban como reyes en la mesa del comedor, como bestias zampaban el bizcocho y luego se limpiaban para que luego recibieran cada uno un beso de Madre.

Después de trabajar, Madre, se encaminaba de vuelta a su hogar donde limpiaba la cocinita y los dormitorios, lavaba y cosía la ropa. Después, ya bastante cansada, empezaba a cocinar la comida. A esa hora los niños ya estaban en casa. Los más pequeños alborotaban en la salita, los más grandes jugaban a los policías y los medianos se pegaban.

Madre, con mucha paciencia, cogía con sus robustos brazos, a los pequeños de dos en dos y los sentaban en la mesa de comer. Los grandes bastaba varias ordenes para que se sentaran.
La siesta era la mejor hora de Madre, invitaba a la vecina de enfrente, Lola, y charlaban desde las cuatro hasta las seis y tomaban grandes cantidades de tinto.

Madre sacó a los siete niños adelante, yendo allí y allá, buscando becas para los críos, ayudas y trabajaba en el supermercado de la esquina de la calle polvorienta.
Pasaban los años y poco a poco se hicieron mayores y se fueron de casa con la ayuda de Madre, Alberto se hizo marinero; Julio, bombero: Roberto, enfermero; Santiago, abogado; Daniel, profesor; Javier no estudió mucho pero empezó a trabajar en panadero; y Álvaro escritor.
El último se fue al extranjero y Madre no lo volvió a ver.

Pasó el tiempo, el pelo de Madre se volvió blanco, su voz temblaba y su fuerza menguó. Sus demás hijos intentaron cuidarla pero tenían demasiado trabajo, además, tenían sus hijos que tampoco los cuidaba ellos sino alguna Yaya. La ingresaron en una residencia donde Madre pasaban las horas mirando el paisaje a través de la ventana. Muchas ancianas tristonas y con ganas de morir decían: "Después de todo al final nos olvidan." Pero Madre decía: "Tienen mucho trabajo." Y ellas repondían: "ya ya..."

Madre en el fondo no quería creer que sus hijos a los que tanto había ayudado, la habían olvidado. Pero en su mente pensaba: "Quizas estas viejas chochas tienen razón, aunque yo los cuidé y aunque éramos bastante pobres, yo los mimé, en verano les compraba un helado cada domingo después de misa, en invierno les tejía todas las noches jerseys, bufandas y guantes. Les preparaba el desayuno: un gran bizcocho algunas veces de chocolate, además..."
Una noche, Madre se sentía extraña, tenía un vacío en el estómago y sus ojos se cerraban sin querer ella. Se tumbó en la cama que le habían asignado meses atrás e intentó conciliar el sueño. Pronto se durmió.

Ella, que había sido una buena mujer, ella que nunca había pegado a ninguno de sus hijos y los había defendido con su vida, ella que preparaba el desayuno, ella que limpiaba la casa antes de comer, ella que sacó adelante a todos sus hijos... había sido olvidada.
Su cabello blanco como la piel se confundía con las sábanas del mismo color, sus manos frías por naturaleza se tornaron duras y sin vida... sus pestañas ya nunca volvieron a abrirse.
La enterraron un día de invierno, cuando años atrás Madre, tejía todas las noches antes de acostarme un jersey a cada uno de sus hijos.

El cementerio estaba oscuro, hacía frío y estaba cubierto de nieve. Alrededor de la tumba estaban los hijos de la difunta pero faltaba uno: Álvaro. Todos ellos se llevaban un pañuelo a la nariz y se dejaban abrazar por sus esposas.
Al cabo del tiempo los hijos desaparecieron poco a poco del cementerio, tenían cosas que hacer, trabajar, reuniones y fiestas.


La tumba se cubrió de nieve y también fue olvidada.
Madre fue olvidada, ya nunca más fue mencionada en ninguna de las reuniones de sus hijos. Fue una persona más en la vida de los niños ya adultos.

martes, 21 de junio de 2011

Premio :)

Gracias por este premio.
Funny

Un gris despertar.

Se encontraba en la calle delante de su casa. El camino estaba encharcado. Saltaba con sus botas de agua con un estampado colorido, los charcos, uno en uno, como si su vida dependiera de ello.

Terminada su tarea entró en su hogar, colgó su impermeable en la percha del recibidor y subió a su tranquila habitación. Pronto sería las nueve y sus padres, a pesar de que había cumplido dieciseis años, no la permitían salir de noche. Sus amigas seguramente estarían disfrutanto en alguna cafetería de la zona tomando algún refresco, hablando de mil cosas y haciéndose fotos.

Ella como cada sábado, se encontraba en su scriptorium, su calmada habitación, tal vez demasiado calmada.

Se encendió un cigarrillo y comenzó a fumar. Su vida siempre había transcurrido de la misma manera: vivía entre el humo del cigarrillo y el humo de la ciudad.


Sábado tras sábado, contemplaba a través de la ventana, sentada en su cómoda silla giratoria negra, como, niñas de su edad, hacían mil y una locuras cada una más imverosímil que la anterior.

Tras ver a todas ellas, ya pasadas las doce de la noche, se tumbaba boca arriba, en su cama, apartando sus libros que se ocultaban bajo las sábanas. Ella le encantaba leer, una de las pocas cosas que hacía. Leía hasta cuando se estaba bañando, entre las volutas de vapor que acariciaban su cuerpo desnudo.

Por la mañana se levantaba perezosa y se servía un café muy cargado.
Cada tarde fijaba su mirada soñadora hacia el sol anaranjado que poco a poco se escondía tras las cimas de las montañas.

Y cada anochecer entraba a su casa y contemplaba en su ventana, con una pizca de envidia a sus compañeras del instituto.

Ciega (Capítulo 4)

Desde ese día quedamos más veces, en su casa o en la mía, en un parque, en el río junto a la iglesia...
Él me recogía cada mañana y después de la salida del instituto con su moto negra.
Su sonrisa me encantaba, me hechizaba. Me hacía soñar con ella y su mirada me hacía suspirar cada vez que lo evocaba.

Esa tarde me esperaba en la plaza Santa Ana a las cinco y media. Enfundada en un vestido marrón de lana y unas botas altas me encamino hacia allí.

La nieve esta casi derretida y pronto empezaría la primavera.

Cuando llegué, la plaza estaba casi desierta, varios abuelos se entretenían en comentar el casamiento de su hija que se había celebradado años atrás. Delante había un gran edifio blanco
Pronto me empecé a cansar de esperar, pronto sería las menos veinte.

Unas manos frías se colocaron en mi cara cegándome.


-¿Quién soy?-susurró la voz inconfundible de Lucas. Sonreí.-Shhhh, no lo digas. Espera.-Me tapó con solo una mano y sentí trajinar. Me tapó los ojos con un trozo de tela, olía a rosas.
-¿Qué demonios haces?-sentí que me envolvía mi mano con la suya y que se reía.
-Tu sígueme.-poco a poco cedí a sus pasos. Anduvimos durante varios minutos, subimos varias escaleras y sentí abrir una puerta. El ambiente de la sala era fresco y olía bien.
-Siéntate.-sentí un mullido asiento al contacto. Lucas se separó de mi y sentí sus pasos alejarse un poco de mí y deternerse.
Entonces una melodía suave y acariciante sonó, era un piano y adiviné quien era el intérpetre.

Al poco rato me levanté poco a poco, cuidando de no chocar, con pasos vacilantes me acerqué hacia el sonido, coloqué mis dedos sobre la espalda de Lucas.

Dirigí mis pasos hacia la púlida superficie del piano, me lo imaginaba limpio, negro y majestuoso.

Con los ojos cerrados era más sensible al sonido. Más sensible al amor con el que tocaba Lucas.
Unas lágrimas sin razón salieron de los bordes de mis ojos mojando la tela que me tapaba.
Cuando la melodía dió su fin, sentí una pesada silla chirriar al arrastrarse y un par de manos fuertes quitarme el trozo de tela.

Me miraba intensamente y sonreía, su sonrisa...
Estuvimos en silencio durante mucho tiempo hasta que lo rompí:
-Ha sido precioso. Gracias.
-Era Chopin, Sonata en...
-Como si me hablaras en alemán.-interrumí, él rió.
Se acercó y me dió un beso llenó de... armonía.

viernes, 17 de junio de 2011

Me queda poco tiempo, papá.

Una criatura enfermiza se escondía ente las sábanas húmedas de sudor. Gemía, le dolía mucho el pecho. Lloraba deseperada, sin poder conciliar el sueño.

Un hombre de aspecto cansado, contemplaba a esa criatura con tristeza. Había hecho todo lo que un hombre pobre podía hacer: llamar al médico del barrio, un hombre delgaducho con semblante grisáceo; comprarle un jarabe de sabor amargo que producía náuseas quien lo probara; le servía tazones de leche templado y por las noches la abrazaba para que se sintiera segura y amada. También le enfriaba la frente cuando le subía la fiebre.

Al final, la criatura dejó de moverse.
-¿Papá?
-Aqui estoy, mi vida. No te abandonaré.-le sonrió para infundarle ánimos.
-Papá, he visto un ángel. Un ángel blanco.-tembló.-Me ha dicho que me queda muy poco, papá.


El hombre asintió, se acercó a la cama de la enferma y le apartó algunos mechones rubios y fijó la vista en sus grandes ojos azules.
Al rato, la niña empezó otra vez a sacudirse y a gemir ahora con más intensidad, deliraba.

Al anochecer, una gran luna llena apareció en el cielo que empezaba a tornarse oscuro.

La criatura abrió entonces mucho los ojos y miró a su padre inquieta. No le quedaba mucho. La niña buscó la mano del hombre cansado al encontrarla se la apretó con fuerza e intentó sonreír. La mueca se quedó a medio camino, sus ojos estaban fijos en un punto, sus manos antes calientes y sudorosas, frías y rígidas.

El hombre se soltó como pudo y le cerró los ojos. Lágrimas gemelas calleron a la par de sus ojos. Acarició su rostro y llamó por su nombre:
-Marta.

Estrellas. (capítulo 3)

Pasaron dos semanas hasta que me mandó un mensaje nuevo. En ese tiempo no paraba de mirar el móvil, anhelando un mensaje suyo, una llamada... Pensaba en él en todo momento, su sonrisa amplia.

"Quiero repetir ese beso en un sitio mucho más especial, solamente tú y yo. ¿Te apetece? Te estoy esperando en la calle Don Agustín, delante de la puerta número seis"

Al instante me puse nerviosa, abrí el armario en busca de algo para ponerme. Pasé algunos vestidos, elegí algunos, las camisetas, los vaqueros... al final me hice tanto lío y me puse más nerviosa todavía. Mis manos estaban sudadas. Finalmente escogí unos vaqueros claros junto con un jersey de lana blanca, amplia.

Me miré en el espejo de cuerpo entero del armario, sencilla pero atractiva. Me calcé unas botas marrones.

Me peiné con esmero mi pelo rubio que me llegaba un poco más abajo de los hombros y me lo recogí en una trenza de lado y me eché un poco de rímel en las pestañas, así resaltaban mis ojos azules.

Sonreí. Espléndida, maravillosamente imperfecta. Era una expresión que escogí.

En un bolso marrón metí mi móvil y algunas cosas más y me encaminé hacia la dirección dada por Lucas. El camino estaba repleta de nieve blanca por los extremos aunque por el centro estaba sucio debido a que pasaban los coches sin cesar.

Llegué, la calle era amplía, se podía ver muchos balcones en el que colgaban varias macetas con plantas mustias por el frío. Seguramente en primavera, la calle sería un mar de colores.

Delante de la puerta número seis, estaba él. Guapo, alto y despreocupado.

-Buenas tardes.-sonrió.
-Se te ha echado de menos.-respondí como saludo. Me miró por un instante y después bajo la mirada.
-Mi padre tuvo un accidente.
-Perdona, lo siento, no pretendía acusarte de nada.
-No, no, tienes razón debería de haberte avisado pero solo pensaba en mi padre, hasta que no me dijeron que estaba fuera de peligro no me calmé.
-Es comprensible.-sonreí para que no se recuperara. Lo abracé con timidez. Él se sorprendió un poco pero, él enterró su rostro en mi pelo y sus brazos fuertes me rodearon. Suspiré.

-Ven, esta es mi casa.-me dí cuenta que la puerta con el número seis encima estaba entreabierta. Me tomó la mano y me condujo a su interior. una salita fue lo primero que había, dos sillones de colores claros, una alfombra verdosa cubría el suelo, parecía esponjosa; una mesita se encontraba en el centro. Varias ventanas amplías iluminaban la habitación cubiertas de cortinas blancas. Era precioso.

-Es hermosa la habitación.
-Gracias, es más hermosa cuando estas tú.-nos quedamos en silencio, se acercó lentamente hasta fundir su boca con la mía. Estuvimos varios segundos así trasmitiendo por la boca lo que nos daba miedo decir, jugueteando con la lengua...

Cuando nos separamos mi pulso acelerado y mi sonrojadas mejillas hicieron sonreir a Lucas.

-¡Qué guapa que estas!-Me besó la coronilla.
-Qué gracioso.-le sonreí. Subimos por unas escaleras de madera en forma de espiral, algunas veces crujían al subir. En el piso superior se encontraba cuatro puertas. Dos de ellas eran dormitorios, un despacho y cuarto de baño. Todos ellos adornado sencilla y elegantemente.

El cuarto de Lucas era serio, de colores oscuros y paredes forradas de estanterías.

-¿Tanto lees?-exclamé mirandolo atónita.

Poco después subimos a la gran terraza que había encima del tercer y último piso en el que se encontraba el dormitorio de sus padres, cuarto de baño y una habitación misteriosa.

En la terraza hacía un poco de frío, pero la vista era fabulosa. Las montañas que rodeaban el pueblo estaban nevadas, iluminadas por el sol. Pasaba una brisa fría y acariciante, susurraba palabras incomprensibles. Algunos nubarrones se podían divisar desde allí.

En ella había un telescopio, y dos bancos de madera, limpios sin nieve encima al contrario que el suelo. Nos sentamos en ellas.

-¿Repetimos nuestro beso del otro día?
-Lucas...-tenía lágrimas en el rostro.-es precioso en serio.
-Shhh.-nos besamos. Tiernamente. Dulcemente.

Nos quedamos allí arriba hasta que las estrellas empezaron a aparecer en el ancho cielo. La luna empezaba a iluminar con su misteriosa aura de luz. Lucas se levantó dejando mis manos en mi regazo. Se acercó al telescopio.
-Ven.-me acerqué a él. Me cogió de la cintura.-mira las estrellas.
-Lucas...
-¿Sí?
-Te quiero.

miércoles, 15 de junio de 2011

Calor (capítulo 2)

Me despertó un ruido molesto procedente de mi móvil. Un mensaje.
"Espero que te lo hubieras pasado bien, junto a mí. Yo me lo pasé como nunca, fue una tarde llena de colores donde tú eras gris y con una sonrisa de color naranja te mezclé conseguí algo de color, después dos sonrisas verdes...¡Más color! Espero quedar pronto contigo. Un beso, Lucas."
Sonreí, un calor que hacía mucho que no había sentido empezó recorrer por todo mi cuerpo frío como la escarcha.
Dejé el móvil de nuevo en la mesilla y recogí unos vaqueros, camiseta y mi neceser, me dirigí al baño a darme una ducha.
Allí, Luci, se maquillaba con gran esmero.
-Buenos días.-le sonreí.-Luci, yo te recomendaría no usar tanto maquillaje es menos ecnómico y encima pareces una cualquiera.-Me miró extrañada.
-¿Me lo podrías arreglar, Vane?
-Claro.-dejé mis cosas encima de la tapa del váter, y comencé a arreglar un poco la pintura que se había echado mi hermana en su rostro.-¿qué te parece?
-¡Genial! Gracias Vane.-se miró en el espejo extasiada. Hacía mucho que no hablamos,exactamente desde hace dos meses. Hace dos meses me había vuelto insociable. Sonreí, no valía recordar el pasado, lo que pasó pasó.
Sin saber por qué abracé a mi hermana, se mostró al principio sorprendida y recelosa pero pronto me estrechó entre sus brazos y me preguntó:
-¿Qué ha pasado?
-No lo sé, Lu. Me siento extraña.-nos sumimos en un silencio en el que, entre los brazos, grité en silencio la angustia que sentía y me consoló como nunca ese abrazo.-Luci, me voy a duchar, ¿si?
-De acuerdo.-salió con un flú flú de su rojizo pelo largo.

Desayuné sin prisas, mi madre una señora pelirroja igual que mi hermana, vestía con una bata azul con flores estampadas horroroso, hablaba con Luci. Mi padre al igual que yo rubio, tomaba un café sin prisas.

Mi hermana y yo nos encaminamos hacia el instituto. La mañana se me tornó aburrida, pero al fin pude concentrarme en las ecuaciones.

Al salir del edificio, una chica menuda se me acercó con timidez y me entregó un papel.
-De Lucas.-se fue corriendo sin dejarme que se lo agradeciera. Abrí el papel:
"Hola, espero que no te hayas olvidado de mí. Si te dejan, por favor te invito a comer en Le Château Bleu, a la vuelta de la esquina de tu instituto. Lucas."
Mis padres nunca se encontraban en casa a la hora de comer, ni a la hora de cenar, así que en cinco minutos llegué allí.
Lucas estaban delante del local con una amplía sudadera azul, las manos en el bolsillo miraba la calle despreocupadamente, sonrió al verme. Suspiré.
-Hola. Pensé que no ibas a venir.
-Estaba pensando en no venir.-dije burlona.-Pero ya ves, no tenía nada que hacer.-Nos reímos.
-Bien te rapto toda la tarde, ¿si?
-Como quieras.
Me agarró de la mano y entramos en Le Château Bleu donde flotaba un delicioso aroma a comida francesa.
Mientras que comíamos, él no paraba de hablar. Algunas veces dejaba de hablar para mirarme fijamente como la primera vez que me vió. Nos sonreíamos cómplices.
-Abre la boca.-Lucas levantaba el tenedor en mi dirección, comí su contenido. Mmmm queso fundido con carne.
-¡Qué rico!
-¿Verdad?

Más tarde nos encaminábamos a mi casa.
-¿Seguro qué tus padres no están?
-Casi nunca están, vuelven más o menos a las diez, diez y media. No te preocupes.
Llegámos y entramos.
-¿Te apetece algún refresco? Tengo cocacola, fanta, zumo...
-Una cocacola
-Ok.-nos dirigimos a la cocina donde abrí la nevera y cogí dos cocacolas.Después fuimos a mi cuarto. Encendí la música. Él se sentó en la cama y yo en la silla giratoria del escritorio.
Nos sonreímos nerviosos.
-Bueno...-trató de empezar de hablar. Enmudeció.
Cuando me dí cuenta, se acercaba poco a poco, un poco vacilante me tomó el rostro y suavemente posó sus labios en los míos.

Y me sentí...completa.

Lo abracé.

martes, 14 de junio de 2011

Beso entre límites imaginarios.

Estamos en la sala de estudio, una amplia habitación de paredes blancas compuesta por varias mesas donde varios estudiantes estudiaban, pero la mayoría solo estaban allí porque no tenían otro lugar donde ir. Bien porque les tocaba hora libre, bien porque se escaqueaban de dar clase.
Yo era una de ellas que se sentaba y miraba el libro hasta que decidía dejarlo debido al ruido que producía mis compañeros. Junto a mí se encontraba dos chicos y una chica. Uno de los chicos y la chica escuchaban música y estaban centradados en el nuevo móvil de este: un samsung galaxy s.

El otro se acercó acariciándome el cuello con unas confianzas propias de un Donjuan. Le sonreí con reserva. Él pareció ver que no aceptaba del todo ese gesto suyo. Y sabía por qué, yo estaba ligado a otro.

Pero eso no pareció importarle mucho, se me acercó hasta sentir su aliento contra el mío, me rozó los labios y se quedó ahí, dejando el beso en suspensión, dejando que yo eligiera seguir con ese juego peligroso, por lo menos para mí. Abrí un poco la boca, pero me dí cuenta de lo que estaba haciendo y aparté mi rostro, aunque sentía todavía un cierto cosquilleo en el estómago.


Sonrió burlón y yo, turbada, me tapé con el libro para que no viera lo roja que me había puesto.

Lo peor de todo esque me había gustado ese beso... más allás de los límites.

Frío (capitulo 1)

La calle esta nevada, en medio estoy yo tumbada, como un ángel caído del cielo ahora gris y aburrido. Llevo unas botas de agua con la bandera de Inglaterra estampada en ellas, una bonita cazadora marrón con una capucha que cubría mi largo y ondulado pelo rubio.
Inspiro y expulso el aire comprimido lentamente y abro los ojos, unos ojos azules y fijo la vista en la muñeca, un reloj de muñeca marca las ocho y diez.
Suspiro y me levanto, recojo la mochila roja Rebook del suelo nevado y me encamino hacia el instituto. Un gran edificio blanco con varias banderas del pueblo cuelga de la baranda del balcón principal del instituto.
Entro en la sala princiapl del instituto, ahí está, mi corazón se me encoge de angustia, suelto un débil gemido. Alto y musculoso, guapo y ojos oscuros. Me miran por un instante y después se cuelga de su nueva novia, Kitty, tan hermosa...
Giro la cabeza con tristeza y entro en clase, la mayoría de las chicas que componen la clase empiezan a saludarme, después de varias sonrisas forzadas y besos en las mejillas, por fin me siento en mi pupitre cerca de una amplia ventana en el que se puede divisar un frío jardín cubierto de nieve blanca.
Pronto interrumpen mis pensamientos melancólicos, es Flo, mi mejor amiga. Después de un gran abrazo lleno de los más cálidos sentimientos me pregunta: "¿Qué tal?"
-Bien.-miento. Flo, parece detectar la mentira pero no insiste.
-¿Quieres venir a ver una peli en el centro?
-Gracias, Flo. Pero no me apetece, tengo que hacer el trabajo de Biología.
-Pero, si lo terminaste ayer.
-¡Qué va! Más me gustaría a mí...-me miró por un istante más y después se giro para entablar conversación con alguien más social que yo. En efecto había hecho el trabajo ayer en casa de Flo.
La mañana me lo pasé intentando entender las ecuaciones... pero mi cerebro estaba bloqueado. Solo pensaba en él.

Llegué a mi casa puntual como siempre, mi hermana Luci todavía no había venido. Me encaminé a mi habitación dejando la mochila en un rincón de la entrada.
Me tumbé en la cama y antes de dormirme me recordé que tenía que hacer unos ejercicios de Historia...
Mi sueño, él, sus abrazos, nuestro úlitimo beso, nuestroa última cita... Sentí algo húmedo caer por mi rostro... abrí los ojos. El techo fue lo primero que ví. Me levanté poco a poco de la cama blanda y cálida.
Me dirigí apresuradamente al servicio donde me peiné con rapidez, me puse de nuevo el abrigo y con la carpeta del instituto andé rápidamente hacia la pequeña biblioteca del centro.
Al entrar una mujer de unos cincuenta y pocos años me saludó sonriente, y me guió hacia una mesa en la que ocuapaba ya un chico que inclinaba la cabeza hacia un grueso volumen de aspecto aburrido.
-Y cualquier cosa estoy en la sala pricipal.-dijo por último la bibliotecaria. Sonreí educadamente y me senté.
Abrí sin ningunas ganas la carpeta donde extraje un folio donde estaban escritas preguntas sobre la época del barroco.
Empecé a contestarlas sin ningún interés y ya iba por la antepenúltima pregunta cuando alcé la vista hacia el chico que sin ningún reparo me observaba.
-¿Sí?-arqueé la ceja.-¿Tienes algún problema?
-No...-bajó la cabeza al tiempo que la mía.-Esto... si.-Le dirigí una mirada dura y con desgana le pregunté.
-¿Cuál?
-Bueno no entiendo porque estas con esa cara tan agria. Eres una chica muy guapa.
-Y tú un idiota, ¿sabes? Ahora si me permites quisiera terminar los ejercicios.-Bajé de nuevo la cabeza e intenté de nuevo concentrarme pero esos ojos verdes que me miraban fijamente me desconcentraba. Aparté los deberes y le miré directamente a los ojos.

Esos ojos sonreían, y me sentía recofortada sin saber por qué, poco a poco mi mirada se derritió ante la intensa mirada de ese misterioso chico de chispeantes ojos.

Al final, rompímos a reír. Nuestras risas fueron tales, que la bibliotecaria se acercó a nuestra mesa con el ceño fruncido y nos pidió que nos callaramos.
Cuando se fue, él fue el primero en hablar:
-¿Te apetece una merienda en Breakfast?.-me lo pensé un instante.
-Sí, claro.-contesté
-Por cierto, ¿Tú nombre?
-Vanessa, mejor Vane.
-Encantado.-un apretón de manos.-Yo soy Lucas.-Sonrió.

Pasé una tarde memorable, divertida. Nuestras miradas se encontraron esa tarde millones de veces, sus ojos verdes chispeantes, divertidos; con los míos azules, tan intensos como el agua del mar...

Pero todavía no había olvidado esos ojos oscuros que me miraron alguna vez con ese amor que ahora echaba en falta...

domingo, 12 de junio de 2011

La sonrisa de Lucas. Prefacio.

Como cada anochecer recordé sus abrazos, sus besos, sus caricias. Recordé de nuevo el roce de nuestros cuerpos desnudo. Recordé su desafiante sonrisa, recordé los viajes en moto que hacíamos cada verano.

Una lágrima tan solitaria como yo se deslizó con lentitud por mi mejilla, dejando un rastro húmedo en ella.

Aunque no lo sabía, me aguardaba un destino peor que un mal de amores.

Sentimientos no correspondidos

Como cada vez que me sentaba en clase miraba a mi alrededor, buscándote y al final encontrándote.

Sonreí tristemente, suspiré y presté atención a cada una de las palabras que, el profesor de historia, decía.

Como cada mañana, te diste la vuelta y me regalaste una sonrisa, como cada mañana sentí ganas de llorar y como cada mañana sonreí forzosamente.

Bajé la vista para que no vieras todas las emociones que cargaban mis ojos, porque me avergonzaba de ellas... Porque tú, desgraciadamente, no podías ser mi mundo.

Ladeé la cabeza hacia otro rostro, a ese rostro que quería aprender a amar, pero no lo conseguía, sentí más ganas de llorar todavía.

Suspiré hondo lentamente, pero no conseguí quitar la sensación de que estaba jugando con fuego, con los sentimientos de una persona que me amaba y que yo no podía apreciar. Y me odié por muchas cosas y una de ellas por ser tan...
EGOÍSTA.
alohh! :)
Aqui un premio ^^ al blog que más me mola en estos momentos!
Felicidades!


http://nana-demon.blogspot.com

viernes, 10 de junio de 2011

Café amargo

Cada foto que pasaba en el Face de él me alejaba más y más de su mundo.
Cuando quise darme cuenta lágrimas se deslizaban por mi mejilla. Me las sequé, pero no podía parar de mirar esas fotos que me hacían daño. Él con Lola, él con Jenny y Clara, él con Bea...

Con casi todas las chicas más guapas y populares del curso.

Me levanté de la cama y me acerqué al espejo de cuerpo entero que había al lado del escritorio.

Si tuviera el pelo más largo, si fuese más delgada... Entonces recordé que él siempre me decía que estaba delgada y era guapa. Sonreí amargamente. Pero más guapa que Jenny no, ¿verdad?

Suspiré y volví a cubrirme con la manta en la cama y me acurruqué. Sollocé.

Que tonta soy, me dije, llorando sólo porque mi mejor amigo esté todo el rato colgado de las faldas de las chicas más hermosas...

Y las odié a todas ellas, por ser tan guapas...

Volví a levantar de la cama y bajé a la cocina, me preparé un café bien cargado. Fruncí el ceño al sentir el sabor amargo del café. Me pasé la lengua por la comisura.

Dejé la taza sobre la mesa de la cocina y me volví a mirar en el reflejo de los cuchillos. Suspiré.

Cerré los ojos cansada. Llevaba días así, lamentándome, llorando y maldiciendo. Estaba harta, quería volver a quererme... Era peor que el café amargo.

Estaba mareada... sentí como la bilis subía por mi estómago, corrí rápidamente hacia el lavabo. Lo expulsé... después me apoyé mis manos en los lados del grifo. Me miré en el espejo. Grandes y oscuras ojeras marcaban mi rostro, me las repasé con un dedo.

¿Solo lloraba por mi amigo o era algo más?

Fortuna

Para aquellos que la obtienen, la Fortuna es una deliciosa fruta dulce, pero horrosa es para aquellos que viven de la fruta podrida.

jueves, 9 de junio de 2011

Maldita Alma.

Hundí el cuchillo en esa sombra que me atormentaba tanto. "NO" escuhé junto a mí. Era Gabriel.

La sangre caía y me salpicaba, sonreí y tiré del cuerpo para ver su identidad.

Me quedé helada. Era yo.

Ella casi muerta, me sonrió tristemente y cerró los ojos para siempre.
Solté el cadáver y me volví hacia Gabriel que nos observaba aterrorizado.
Tenía lágrimas en la cara y sus ojos azules ya no me reconocía. Susurraba mi nombre y ya no me miraba.

Me había matado, esa sombra era la parte de mi alma que nunca quise reconocer, que quise matar y destruir, que quise olvidar y expulsarlo de mis entrañas. Pero demasiado tarde comprendí que esa parte que odiaba era parte de mi misma y que no podía cambiar por el simple hecho de que había nacido así.

Me dí la vuelta, la muerta había desaparecido en su lugar estaba la otra sombra osea yo. O parte del YO. Gabriel se acercó lentamente al lugar donde había estado la sombra y se sentó allí y miró a su alrededor.
Me acerqué e intenté abrazarlo para consolarlo.
Mi mano trapasó su cuerpo.

Abrí los ojos como platos y me dí cuenta de lo que había perdido, él era el único que había aceptado lo que era, que había amado a las dos YO y que ahora le había roto el corazón junto al mío.
Y me odié, le dí la espalda. Salí por la ventana, ya no tenía miedo a hacerme daño pues, era solamente una sombra condenada a vagar por el mundo. En efecto cuando caí suavemente sobre el suelo no me hice daño alguno, alce la mirada hacía la ventana y rápida como el viento me encaminé por el ancho mundo.

Había más como yo, seres humanos que no se aceptaron lo que era y que habían "muerto" si esto se le puede decir muerte. Todos ellos sombras.
Comprendí, somos fantasmas. Fantasmas. Transaparentes a las vista de los mortales aunque algunos podían sentirnos.

Entonces ví a Mar, su dorada cabellera se encontraba cubierta de un velo negro, un vestido raso oscuro cubría su cuerpo y su piel pálida. Lágrimas acompañaban tristemente sus ojos como el cielo y su mano portaba una hermosa flor blanca: una rosa. Mi flor favorita. Sonreí amargamente. La muchacha se agachó hacia un ataúd vacío y dejó la rosa ahí.
Había pasado ya varios días.El tiempo era rápido a aquellos que no envejecían.

Gabriel cojió la mano de Mar y la acompañó hacia su coche tirado por varios caballos,en esa ocasió negros que piafaban nerviosos.
Me sentí celosa y al ver que también el muchacho subía tras ella seguí el vehículo.

Pararon en la mansión de Mar en el que vivía sola, pintando o montando en caballo. Recordaba vagamente que algunas tardes las pasábamos en su jardín tomando el sol.
Gabriel y Mar salieron del coche, él la abrazó por detrás y entraron en la vivienda. En ella, Mar le besó tiernamente.

Me llenó de rabia e intenté golpearlos pero solamente conseguía atravesarlos. Frustrada me dejé caer y con la cabeza entre las rodillas intenté llorar.

Salí de esa casa que ahora me dejaba un mal sabor de boca.
Maldije a mis adentros mi destino e intenté herirme pero no lo conseguía... Entonces oí un ruido que me sonaba familiar pero que a la vez me aterraba.

Era una especie de serpiente gigante, de oscuro color, su iris era rojo brillante y de vez en vez sacaba una lengua bífida. Me asusté al darme cuenta de que me miraba fijamente. Se transformó poco a poco en una persona aunque dos alas negras prendían de su espalda.
-Veo que no estas contenta. ¿No era lo que querías? ¿No te has despedido de tus defectos?

-¿Quién eres?-pregunté como contestación.
-Tu salvación y tu mayor desgracia.
-¿Me puedes ayudar?
-¿Qué deseas?
-Vengarme.-dije rabiosa. Sonrió, maliciosamente, miró hacia un lado.
-¿Estas segura?
-Si
-Entonces serás material, me explico, ya no seras etérea para la gente mortal; te armaré de fuerza más poderosa que cualquier espada o hierro; tendrás la velocidad del viento; vivirás infinitos años; seras perfecta porque te quitaste de tus defectos antes de ser sombra;-sonrió abiertamente, me miró.-Pero tiene sus problemas, como todas las cosas.-hizo una pausa.
-¿Cuáles?
-Te alimentarás de sangre.-guardó silencio teatralmente y evaulandome mi expresión petrificada. Sonrió.-No podrás estar mucho tiempo bajo el sol y cuidado con los objeto de Dios.
-Acepto.
-¿En serio?
-Sí
-Llevo mucho tiempo esperando.-sonrió de una manera que me resultó desagradable, me dí la vuelta y sentí como me volvía visible, como empezaba una sed ardiente y grande en mi gargante y apenas escuché lo que dijo el ser.-Envenarás el alma de inocentes.-Cuando me dí la vuelta él ya no estaba.




Solo tenía una imagen en mi mente: Mar dándole un beso a Gabriel. Sonreí y unos dientes ganchudos perfilaron mi sonrisa. Solté una carcajada.
Empecé a correr, era increíblemente rápida y llegué a la mansión de mi antigua amiga en un par de segundos. Subí por la pared.
Ahí estaban, Mar en camisón y Gabriel en una camisa blanca dormidos una cama cubierta de dosel. Entré en la estancia y sin poder reisistir la tentación agarré a Mar y la saqué de los fornidos brazos del chico.

-¿Quién...?-me miró a los ojos. Le mordí con fuerza la garganta y la desangré bebiéndome en unos minutos toda la sangre. Gabriel estaba delante de nosotras petrificado y aterrorizado. Me encaminé hacia él y lo cojí por el cuello para quebrarlo pero su voz me desconcertó.

-¿Alma?-pero ya era demasiado tarde, un crujido desagradable se oyó desde su cuello. En ese mismo momento él se fue para siempre.
Entonces me dí cuenta de lo que había hecho. Los cuerpos yacían uno contra el otro, pálidos. Y me dí cuenta del significado de las palabras del endemoniado personaje. "-¿Quién eres?- -Tu salvación y tu mayor desgracia.-" recordé.

Otra vez había perdido a Gabriel, otra vez. Me golpeé pero el daño no era lo suficiente grande. Lágrimas de sangre caían de mi rostro porque era lo único líquido de mi cuerpo. Recogí los cuerpos y soportando el hedor de la sangre que me tentaba a chuparla, bajé al jardín y allí los enterré.
Cavé mi propia tumba en la tierra y me enterré. Nunca más despertaré, me dije. He sido un error de la naturaleza desde que nací.

Me mecí en un largo letardo que duraría hasta el fin de los tiempos.

domingo, 5 de junio de 2011

AGRADECIMIENTOS

A Nana, Rose y a Darkness gracias por vuestros cometarios que me animan a escribir, y gracias también por leer mis tontas inspiraciones de novata.
Gracias Nana por el primer premio que me concediste!
Y gracias cerebro mío que siempre estas ahí para escribir algo decente. Te quiero xD

GRACIIIIIIIIIAS A TODAS!

viernes, 3 de junio de 2011

Me ha salido de repente.

Las palabras escritas en un libro, en una página web (o blog en este caso), en un pedazo de folio o en cualquier lugar por un escritor famoso, mediocre, fatal o que aspira a serlo (como yo) es el alma reflejada en ellos. Son los sentimientos de esa persona. Y cada palabra oculta una alegría o una pena.

La intensidad de un simple gesto.

Esta tarde he ido a un partido de fútbol con mi amiga Sol. Jugaba mi hermano más pequeño y el de mi amiga.

Era un día caluroso. Me subí la camiseta hasta el borde del sujetador y bebí un trago de agua de mi botella. Mi amiga me sonríe y se abanicó el rostro con la mano.

Entonces lo ví, entre la multitud dos pequeños niños aproximadamente de tres y cuatro años jugaban. El niño era de piel muy clara con algunas pecas marrones, unos ojos grandes azules y el pelo negro como el carbón; la niña rubia, ojos oscuros y dos hoyuelos en las mejillas. Estaban vigilados por una mujer de exageradamente maquillada con un pilsing en la boca, unas gruesas gafas de sol tapaban sus ojos y el pelo era extremadamente corto y negrísimo. No sonreía al ver a los pequeños tan cariñosamente jugar.

Suspiré, que niña más hermosa. Sonreí. El niño tampoco se queda atrás, guapísimo.
Entonces la pequeña se levanta de su sitio y se aleja más de la cuenta, al instante la mujer se levanta y la arrastra con fuerza de nuevo al sitio. La pequeña se pone a llorar, se cruza de brazos y mira hacia el suelo. El niño que ha estado presente en la escena, se acerca a ella, le levanta la cabeza y le da un besito en la mejilla.

Me quedé maravillada, estaba emocionada. La niña sonrió y cogió la mano del pequeño.
¿Por qué cuando crecemos estos sentimientos no lo trasmitimos con tanta intensidad como los niños pequeños? Ya sabemos lo que es el amor y el odio, ¿no? ¿Por qué entonces unos enanos sepan mejor que nosotros, los "mayores", trasmitir el amor de esa manera?
Suspiro y miro a mi amiga, ella me sonríe después se levanta para animar a los jugadores que acaban de empezar a salir. Inspiro lentamente e imito a mi amiga...
Miro una vez más a los niños pero, ya no están al igual que la mujer supermaquillada.

jueves, 2 de junio de 2011

Queridad Oscuridad...

Se comprensible, me avergüenzo de lo que soy. Quiero ser otra, quiero ser yo. Quiero borrar todo lo impuro de mi alma, enorgullecerme de lo que soy y sobre todo ser yo misma.
Ser la de antes, inocente y pura, ser otra vez la que era. Pero no hay marcha atrás, no hay giratiempos, ni ninguna poción mágica para volver atrás. Lo que pasó pasó.
¿Qué hacer ahora? Me pregunto.
Estoy tan confusa y algunas veces tan triste, tan sola me siento. Ya no se en quién confiar y en quién no. El pasado me dio la espalda, el presente me contempla aburrida y el futuro me interroga con la mirada.
Lo único que sé esque no existe un camino fácil, hay que luchar y luchar hasta que no te quedé ni un soplo de aliento...

A tí y la explicación de mis sollozos.

A: Darkness

Rostros ocultos tras máscaras.

Te sientes tan triste, tan incomprendida, pero no quieres que lo note nadie y sonríes. Escondes tus sentimientos y sonríes. Una máscara de falsa felicidad.


Y es duro sonreír cuando te cuesta levantarte cada día y enfrentarte con el mundo...
Y es duro sentirte sola, miras atrás y te preguntas, ¿quién es ella? Esa que sonreía, esa que a todo el mundo le caía bien... sin embargo ahora... todo es más difícil...

miércoles, 1 de junio de 2011

Nothing else matters

Tengo ganas de verlo, miro por encima de la gente... nada. Me pongo de puntillas y miro por encima de la gente. Nada, todavía queda quince minutos.

Lo quiero, muchísimo, demasiado, pero ahora pensareis, una pesada hablando del maldito amor. Pues no, os equivocáis. No estamos enamorados.

En cierto modo si... enamorados de nuestra amistad. Amo todo lo que se relacione a él.
Amo su mirada. Amo su sonrisa que reserva solo para mí. Esa sonrisa que me hace olvidar las penas. Amo esos abrazos cálidos y protectores. Amo sus caricias, cuando pasa su mano sobre mi mejilla.

Es como mi hermano mayor o, quizás algo más. Compartimos miles de cosas, recuerdos, penas y alegrías.
Una vez me hizo escuchar: Nothing else matters. (Metallica)

Never opened myself this way
Life is ours, we live it our way
All these words I don't just say
And nothing else matters...

Cuando estoy triste me consuela, cuando estoy alegre ríe conmigo. Somos como dos polos opuestos que se atraen, y que se dan calor.

Pero nuestra amistad se interrumpe algunas veces cuando, chicas ávidas de rumores, me sonríen falsamente y lanzan sus propias teorías. Novios, Rollo, amigos con roce...


Trust I seek and I find in you
Every day for us something new
Open mind for a different view
And nothing else matters

Parece que los rumores le afectan, y entonces se comporta conmigo como si fuera yo una más de la multitud. Entonces pregunto. ¿Y mi sonrisa y esos momentos tan especiales? Entonces me comprende y me sonríe, mi dulce sonrisa. Me abraza.


Never cared for what they do
Never cared for what they know
But I know

So close no matter how far
It couldn't be much more from the heart
Forever trusting who we are
And nothing else matters


Ahí está... sonrío. Agita su mano como saludo. Se acerca y me besa en la frente mientras que huelo, huele a... cariño. Lleva una camiseta negra y pantalones piratas verdes. Una guitarra cuelga de su espalda dentro de una funda negra.

Nos vamos al parque, una mancha verde en medio de tanto humo, humo gris.
Nos sentamos juntos en un banco y saca su guitarra. Y empezamos a cantar...

I never opened myself this way
Life is ours, we live it our way
All these words I don't just say
And nothing else matters

Trust I seek and I find in you
Every day for us something new
Open mind for a different view
And nothing else matters

Never cared for what they say
Never cared for games they play
Never cared for what they do
Never cared for what they know
And I know

So close no matter how far
Couldn't be much more from the heart
Forever trusting who we are
No, nothing else matters....

¿Cantaré mal? No me importa, soy y somos felices. Y contagiamos nuestra felicidad a la gente... personas con semblantes grises, sonríen y se saludan.

Sonrío y cierro los ojos. Hay sol entre una basta extensión azul celeste. Respiro hondo y dejo que los rayos del sol me acaricien. Soy feliz. Le miro, me está mirando. Sonríe.

Suspiro...

So close no matter how far
Couldn't be much more from the heart
Forever trusting who we are
And nothing else matters

Never opened myself this way
Life is ours, we live it our way
All these words I don't just say
And nothing else matters....