lunes, 16 de mayo de 2011

Lorca...

Y allí estaba, mi madre, entre los restos de nuestro cumpleaños, de los escombros, del polvo. Todo debía de ser una pesadilla. Mi madre no estaba muerta, ¿verdad?
Mi hermana y yo estábamos sentados, ella lloraba, en su carita llena de polvo, surcaban varias lágrimas. Lágrimas llenas de dolor. Lágrimas teñidas de tristeza.
Todo había ocurrido muy rápido. Que ni siquiera me había dado tiempo a decirle a la persona que tanto quería todo lo que me hubiera gustado decirle.
Ya no me abrazaría más, ya nunca me regalaría sonrisas ni caricias, ya nunca más me regañaría por un examen suspenso, ni me haría cosquillas para que me levantara. Tampoco nos recogería a la salida del colegio para ir después al Macdonald, para comer hamburguesas.
¿Y por qué a nosotros? Era tan injusto, una lágrima cayó entonces de mi ojo. Me la sequé. Me cubrí el rostro con las manos, y empecé a llorar. Flora, mi hermana, se me acercó, y poco después me abrazó. La miré, esos ojos del color del cielo, como los de mamá, me miraron como lo hacía ella, trasmitiéndome consuelo. La abracé y la apreté junto a mí.

Flora (mi hermana), cumplía un día antes del mío, pero siempre lo habíamos celebrado juntos. Mi noveno cumpleaños, junto con el cuarto de la niña.
Estábamos en el salón, una amplía sala, con una mesa baja en el centro y varios cómodos sillones a su alrededor. En una esquina se encontraba los regalos envueltos con papel de divertidos colores; azul, rosa, verde... Un gran pastel de chocolate se encontraba en el centro de la mesita, y algunos globos amarillos se encontraban flotando en el techo.
Era un fiesta privada, de familia, como queráis llamarlo y esperábamos a mi padre, que debía de estar de camino a casa.
Mi madre estaba colocando un CD en el reproductor de la estantería, cuando se produjo el primer temblor. Se rajó el techo, y algunos guijarros cayeron, haciendo que varios globos estallaran. Mi hermana, que estaba sentada en el suelo mirando impaciente los regalos, gritó asustada. Mi madre se quedó paralizada un instante, pero después, exclamó:-¡Niños, venid conmigo, corred!-el segundo temblor vino poco después pero mucho más fuerte, un trozo de techo calló sobre la mesa del pastel que no aguanto el peso y se vino abajo. Mamá, nos atrajo hacia sus cálido cuerpo, que temblaba ligeramente. Nos abrazó fuertemente y nos hizo apretujarnos debajo de ella. Y comprendí demasiado tarde.
-NO-grité. Pero ya era demasiado tarde, mamá sonrió, y aguanto valientemente el primer impacto de piedra, y el segundo. Pero el tercero, nosotros nos derrumbamos, pero ella se mostraba fiel, y nos empujó hacia el suelo. Después perdió el sentido cuando una piedra del tamaño de un puño cayó sobre ella.-¡Mamá!-Flora estaba paralizada de miedo.
Después de mucho tiempo, los temblores se calmaron, pero la casa estaba en ruinas. Ya no había regalos que abrir, ya no había tarta que comer, ya no había nada, solamente piedras y ladrillos desnudos, rotos algunos...
Me deshice del abrazo de mi madre como pude, puesto que sus brazos se habían transformado en tenazas, frías como el hielo, estábamos cubiertos de escombros, pero pude librarme de ellos con mucha dificultades. Libré a mi hermana, y levanté la cabeza de mi madre.
Estaba muerta. Esos ojos, azules, ya no miraban. Fijos en un punto... todavía conservaba aquella sonrisa suicida...
-Mamá, escúchame, por favor...-mi hermana la sacudía, y le gritaba.-No es justo, no es justo...


Media hora después, unos bomberos, atravesaron los escombros, que en su día había sido nuestro hogar, dulce hogar... lleno de olores hogareños... Levantaron a mi hermana en vilo. Y cuando me quisieron llevar a mi, no les dejé, no me quería separar de mi madre.
-No, es mi madre... ¡Dejádme estar con ella!
-Vamos, chico. Ya es demasiado tarde.-y me obligaron a levantarme, y entre ellos me llevaron hacia la calle, llenas de personas, que tenia la cara llena polvo, lágrimas y de dolor.
Me hicieron tomar un tazón de leche, y me hicieron tumbar en un montón de mantas junto a Flora. Poco después mi padre, se acercó. También estaba cubierto de polvo, pero comparado con nosotros estaba limpio. Nos abrazó, pero yo estaba lleno de dolor para percatarme de eso, y mi hermana estaba todavía en estado de shock para notar que mi padre estaba junto a nosotros.

Después de algunos años, todavía la recuerdo, su sonrisa, su forma de regañar... Nunca la olvidaré. Mientras que otros niños admiran a Superman y Spiderman. Yo admiro a mi madre, que salvó mi vida y que me regaló el mejor regalo de todos: SU vida.

1 comentario:

  1. Jesús... se me acaba de encoger el corazón con tu texto. Me ha gustado mucho, pero es como revivir una historia que pasó en el terrmoto de Lorca. No sé si debo preguntar si es algo real que sucedió o es algo inventado, pero igualmente, está muy bien redactado.
    Siento no haber pasado antes, pero los estudios me tenían hasta arriba. He leído tu anterior entrada y debo decirte que escribes muy bien, realmente bien :)

    Tienes un premio en mi blog, vale? Pásate a recogerlo cuando puedas y espero que te guste.

    Besooos

    ResponderEliminar